martes, 4 de diciembre de 2007

Educadores para el tiempo presente. De la web de Aplicaciones didácticas.

Teruel Liberal  4.12.2007. Educadores para el tiempo presente. De la web de Aplicaciones didácticas.


 

Magnífica web muy consultada para educadores, padres e hijos. Selecionamos hoy este artículo... por si todavía no eres adicto a la web de Arturo Ramo.


Educadores para el tiempo presente




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Aplicaciones didácticas.


 Quienes hemos ejercido con vehemencia la misión de educar, el comienzo de un nuevo curso escolar hace emerger en nuestro subconsciente vivencias, inquietudes y problemas sentidos y compartidos durante muchos años en la escuela. Aun sin quererlo seguimos preocupados por cuanto está relacionado con la educación de los niños y jóvenes.  Las consideraciones que hago a continuación son consecuencia de esa inquietud. No son denunciadoras ni dogmáticas ni portadoras de mensajes definitivos. Sólo pretendo animar a quienes ejercen el difícil e importante deber de educar en la escuela. Merece la pena descubrir y reforzar las disposiciones personales que más contribuyen a la eficacia educativa.


   En el año escolar recién inaugurado se va a dar un paso más en la aplicación de .la Ley de Ordenación General del Sistema Educativo (LOGSE) promulgada en 1990. Toda Ley General de Educación es considerada por sus legisladores mejor que sus homónimas que la precedieron, pero todas suelen resultar imperfectas, insuficientes e incluso, en algunos aspectos, ineficaces, no sólo como consecuencia de las situaciones, cambiantes de la sociedad destinataria, sino también por defectos en su aplicación. Se suele caer en el error de creer que un sistema educativo es bueno porque alcanza a toda la población en edad escolar, la asistencia a las aulas no está masificada, los resultados académicos oficiales son excelentes o porque los recursos económicos invertidos en la enseñanza son cuantiosos. Estos aspectos, cuantificables en cifras, no son los únicos ni los mas importantes. El éxito de toda reforma y sistema educativo depende fundamentalmente de la mentalidad nueva e ilusionada de quienes lo han de dirigir, aplicar y ejercer. Sólo será posible si cada docente se siente solidario de esa renovadora y si compromete su responsabilidad en esa aventura


   En otras épocas, los sistemas pedagógicos, elaborados de antemano, aseguraban la eficacia. Con la formación  inicial y alguna experiencia d docente el maestro acertaba en el medio escolar. Hoy las circunstancias son distintas.


   La evolución constante en todos los órdenes de la vida y las múltiples repercusiones que alcanzan la frágil naturaleza infantil imposibilitan una formación en serio y la obediencia a fórmulas estáticas. La función docente debe adaptarse, como la vida, a los tiempos y personas. En manos de los maestros y profesores está la. aplicación de un sistema nuevo. Bien están las condiciones económicas, académicas y pedagógicas de los educadores, que garantizan el éxito docente, pero la transmisión de conocimientos y sobre todo la influencia íntima en el alumno supone otras disposiciones sicológicas y una forma de hacer especialmente significativa. La enseñanza no es algo frío y distante. Debe crear relaciones inmediatas, contactos frecuentes y personales. Hay que darle un contenido espiritual, de acercamiento y de agrado.


   El hombre de hoy es víctima de ideologías sin fin, de los medios de difusión y del propio trabajo que con frecuencia ahoga las aspiraciones a una vida consciente y libre. El mismo desarrollo científico ha provocado un complejo de inseguridad colectiva. En medio de este vaivén de realidades, el hombre debe ser protagonista del mundo. Para ello hay que asegurarle la conciencia de su valer. Cada persona debe encontrar su puesto, Sentirse plenamente realizada. Es el fin de la educación. Para lograrlo es preciso una acentuada personalidad en quien e dirige esa tarea. El educador h debe saber distinguir entre valores permanentes y aspectos s ocasionales, y mantener el equilibrio ante posturas extremas. Sus decisiones discurrirán entre la firmeza y la flexibilidad.


   Es evidente el fenómeno pluralista que caracteriza nuestra época. Las más extrañas formas de pensamiento y de vida desfilan ante el hombre de hoy. A través de ellas hay que buscar la verdad. El buen maestro prepara los espíritus al discernimiento conveniente y a la elección personal. Esto exige una actitud ve humilde de acogida, sensibilidad ante el progreso humano y claridad de espíritu para valorar objetivamente los nuevos datos de la experiencia.


   La actividad educadora no lo es producto mecánico ni rutinario. Nada más cambiante que la sicología infantil. Y es nada tan vario como el mundo  que vivimos. La novedad es el es signo de nuestra época y el  aliciente del espíritu. La docencia se ha hecho también descubrimiento. El maestro ha de buscar la originalidad en sus métodos con el fin de despertar el sentido creador del niño y evitar el aburrimiento escolar. Es el alma de la acti­vidad que bulle en el aula, el animador de sus intereses.


   La comunicación forma parte esencial de la vida docente. El buen profesor establece relaciones ante todo con sus propios alumnos, tanto en el plano intelectual como en el humano. El diálogo sencillo y cordial, nacido de la comprensión y confianza, es el camino para entrar en el alma del niño y del joven. Pero estos contactos han de ampliarse al equipo docente y a la familia. Si as­pira a una real eficacia, ha de conectar con toda la comuni­dad educadora, donde se dialoga con sinceridad, se comparten experiencias y se aceptan otros puntos de vista. Esto pide fuertes dosis de disponibilidad, una actitud humilde y receptiva, la superación de complejos y la comunicación. espontánea de las propias vi­vencias.


   Personalidad, apertura de espíritu, imaginación creadora, capacidad de relaciones, dedicación plena, y en la. base de estas disposiciones, vocación. La educación no es tarea de mercenarios. Sin una mentalidad ilusionada y de servicio no es posible ser buen maestro.


   Para educar es preciso tener un espíritu joven, capaz de renovarse al ritmo de las exigencias educativas del tiempo presente.
   José María Arroyo


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